Tengo la esperanza de que cuanto aúllo no pueda ser oído más que por dos o tres almas en pena, y lo digo sinceramente. Quien me conoce bien -pocos son, y no soy yo uno de ellos- saben lo poco que me place mostrar mi lado lobo, aunque éste, mi disfraz, sea ya más realidad que quimera.
Confieso que, al menos inicialmente, me sentí tentado por una especie de reto intelectual ¿Podré, acaso, mantener el interés que Angéline consigue? No, evidentemente ¿Durará mi blog, y será tan consistente como la del Mago de Tauro? No, tampoco.
Dos o tres marginales me interesan, aparte de los citados, si acaso ese mundo perfecto, que no acaba de ser, y la censura en su blog, que no acaba de llegar; pero he de decir que he dejado de tener objetivos al escribir; simplemente deseo exprimir, con equis o sin ella, lo que tanto me corroe.
Creo que nuestra función, si alguna tenemos, es la de ser la infracultura; la culta cultura que se alimenta de despojos ajenos haciéndolos vivencia cotidiana, haciédolos digestibles.
He leígo la última entrada de Angéline; maravillosa, como de costumbre. Pero me ocurre lo que a ella; a pesar de los consejos, se me atragantaba el padre, a pesar de sus posibles (demasiado facha para mí, y ya me llegó Fluxá), y se me atraganta el hijo (si me descuido me atraganto al espíritu santo, desvelo el enigma, y se va al carallo la santísima trinidad). Quiero decir con esto que me he vuelto costumbrista; es decir, tengo, hace años ya, una lectura diletante -y no me importa el sentido peyorativo-; hace tiempo que he dejado de leer porque haya que leerlo y leo sólo aquello que me sale de los pulmones; y si place hacerlo varias veces lo hago. Confieso, y empezamos ya, que pocas cosas me atraen de ciertas lecturas; ni el consejo sigo. Que conste que si hay que ponerse culto uno va y se pone, pero es sandez, y uno ya empieza a estar mayor para según que cosas.
He de confesar, y sigo, que sólo me atrevo a escribir, emulando a quien no alcanzo, cuando estoy ciertamente puesto; vamos, que no tengo el opio a mano del salvaje, aunque sí, que más quisiera, el vino del Poe; es decir, trato de disculpar mi vanidad y mi falta de nivel, pero, al fin y al cabo, no hago más que confesarme -y van tres-.
Me decía hoy, quien bien me quiere, que si lo que quiero -y vive Dios que a pesar de la búsqueda no sé si lo quiero y si me quiere-, decía, es disimular, que si quiero pasar desapercibido, qué carajo hago mostrándome tal cual soy, y se refería a mi imagen -bueno, creo que no sólo a eso-. Pues realmente no lo sé; supongo que sólo quiero cargarme el sistema, pero abiertamente, como siempre, cual quijote contra sancho, sin aspas que me arredren. Es como si estuviese encerrado en un molino que me muele las entrañas, sin saber expresar lo que sé que debería decir y no digo; pero eso también ha dejado de importarme.
Como decía Silvio, y perdonad que regrese, "
te quiero mi amor, no me dejes solo, no puedo estar sin tí, mira que yo lloro; no ven ya soy decente, me fue fácil, que el público se agrupe y que me aclame"; véis, no es eso lo que queremos. Nuestra labor no pasa por ser una cultura de segunda; nuestra posibilidad es la de dinamitar la incultura que por doquier nos van sembrando aquellos a quienes unánimemente se nos vende como intelectuales, y, cómo no, se adocenan en esa mentira. Nuestra función, la más próxima, es despertarnos y despertarles del letargo al que nos someten: la aceptación vana, casi enamorada, absolutamente desesperada.
Y ahora me diréis: claro, ahora va y nos vende una majestic, o se encarama en la pirámide y tenemos que mandar la polla de emilios para recuperar lo invertido. Lo reconozco, la majestic me pone, pero ya lo dije una vez, aquí me leen tres o cuatro, considerados en exceso, así que voy y digo lo que se me viene en gana, sabiendo de antemano que no por esto me juzgarán, aunque debieran.
Bien, y, como siempre, deberé explicar lo que mi verbo no consigue, y lo haré con claridad meridiana, trópica si me descuido:
- Nunca podré escribir como lo hizo Cela, por ejemplo (aunque el empeño no es comprometido), pero el ínclito nunca me ha hecho sentir lo que siento al leer a Angéline, a la Faelinn, al Minotauro o a mi censora.
Por ello, mis amigos, no dejéis de hacerlo (Angéline, por Dios, danos esa novela, por favor), y censora, no te me rajes, que tenemos que cambiar el mundo.
Vale, lo sé, me estoy volviendo ñoño, pero que alguien le dé al big, que yo le doy al bang, y la liamos en menos que canta un gallo.
Para terminar, os copio parte de una canción de Silvio; sé que soy recurrente como algunas novas, pero mientras no reviente..., así es como me siento:
Tengo un paraíso de fantasía,
sin embargo prescindo del mundo en que vivo.
Cada confín es un agravio a mi visión,
mi verso, mi sangre.
Fronteras de tierra,
fronteras de mares,
fronteras de arena,
fronteras de aire.
Fronteras de sexo,
fronteras raciales,
fronteras de sueños
y de realidades.
Fronteras famosas,
fronteras quemantes,
fronteras de fastuosas,
fronteras de hambre.
Fronteras de oprobio,
fronteras legales,
fronteras de odio,
fronteras infames.
Vale, acabaré, tenemos por aquí una exposición maravillosa, tenemos a Frida, la cejijunta, así que me empaparé en su delirio y me sentiré normal.
Por cierto, prometo confesarme mañana, lo de la santísima no tiene perdón (la compaña es lo que tiene, que le pone a uno).