jueves, diciembre 08, 2005

Ad maiorem gloria Dei


Dicen que tan sólo seis días te bastaron, y cuenta la leyenda que en tan poco tiempo dos estigmas creaste, el del dolor y el de la humillación, el de la humillación y el dolor. Con sudor el hombre desesperado su pan debe buscar; con resignación y miseria ella su sangrar, su propia vida debe renegar. Roles ajenos, impuestos, absurdos.

Uno sólo te bastó para hacer la noche y el día. Valiente cosa en quien todo lo sabe; pero ¿No pensaste en las sombras de cada quien? ¿Acaso en sus crepúsculos? ¿Acaso pensaste en ellos? Acaso nunca el día se te hizo noche, o la noche luna...

En poco más la vida creaste, huérfana de su resignación; desnudos nos juegas y desnudos nos dejas, hasta el final.

Un diluvio de crueldad en asunción ajena, que como propia sufrimos.

Un árbol de manzanas por todo equipaje nos diste, castigo de quien lo aprovecha. Amor cruel que no merece partida.

Unos cuantos, muchos (días tuyos), espero que lo lamentes; sólo unos minutos de resignación quisiera, suficientes para rehacer tu creación, tu ignominia.

No permitas que por todo germen sobreviva el odio; si así es perderás, poco, insignicante para tí, pero terrible.

La miseria no se siembra, se vive, se masca y se regurgita, y, sobre todo, no se disfruta.

Somos ya suficientemente miserables. Deja ya tanto abono, déjalo ya.